LA PASTORAL VOCACIONAL – CONCILIO PLENARIO DOMINICANO

1.   FUNDAMENTO BÍBLICO-TEOLÓGICO

1- Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (cfr. Ef. 1,9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor (cfr. DV. 2).

2- Al revelarse Dios ha querido llamar a sus criaturas a colaborar en su obra de la creación, salvación y santificación, es decir, en la construcción de su Reino.

3- Las Sagradas Escrituras muestran varios personajes que son modelos de la llamada de Dios: Abraham; Moisés; Gedeón; Samuel; David; Ester; Judit; Isabel; Juan, el Bautista; José; los Apóstoles. María es modelo de respuesta fiel a la llamada de Dios.

4- Dios no sólo ha llamado a personajes bíblicos. Él continúa llamando a todo ser humano. Es una llamada universal, a todos y cada uno de los seres humanos, a través de todos los tiempos, lugares y edades diversas.

5- La primera vocación a la cual estamos llamados todos es la humana: la vida, la de realizarnos como personas y perfeccionar la creación.

6- Dios llama a la vocación cristiana a todos los seres humanos. Llama a cada persona a la fe, y por la fe, a ingresar en el pueblo de Dios mediante el Bautismo. Esta llamada por el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía a que seamos pueblo suyo, es llamada a la comunión, a la participación en el misterio, en la misión y vida de la Iglesia y, por lo tanto, en la evangelización del mundo (cfr. DP 852). Es una llamada a ser miembros activos de la comunidad y a dar testimonio del Reino en comunión y cooperación con los demás (cfr. DP 854).

7- “No todos, sin embargo, somos enviados a servir y evangelizar desde la misma función. Unos lo hacen como ministros jerárquicos, otros como laicos y otros desde la vida consagrada. Todos, complementariamente, construimos el Reino de Dios en la tierra” (DP 853).

a)     Los llamados a la vocación ministerial jerárquica desempeñan su vocación en tres grados: episcopado, presbiterado y diaconado.

b)     Los fieles laicos pueden desempeñar su vocación:

·       Desde el matrimonio y de la familia en el deber de educar cristianamente a sus hijos (cfr. CIC c. 226).

·       Participando en la consagración del mundo y en la construcción de una sociedad más justa (cfr. CIC c. 227).

·       Viviendo sus deberes de bautizados.

·       Aceptando ministerios eclesiales que les sean encomendados.

c)     La vida consagrada a la manera de un árbol que se ramifica espléndido (cfr. LG 43) ha dado formas diversas de vida: 

·       institutos religiosos (cfr. CIC c. 607)

  •   contemplativos (cfr. DSD 86; CIC c. 674)
  •   apostólicos (cfr. DSD 85; CIC c. 675)

·       institutos seculares (cfr. DSD 87; CIC c. 710-711)

·       sociedades de vida apostólica (cfr. DSD 88; CIC c. 731)

·       orden de vírgenes consagradas (cfr. DSD 89; CIC c. 604)

·       vida eremítica (cfr. CIC c. 603).

·       laicos consagrados en medio del mundo, etc.

8- La vocación es primordialmente llamada gratuita de Dios y exige una respuesta libre y personal (cfr. DP 860).

9- La respuesta, libre y fiel, a esta llamada de Dios, es un proceso, que incluye estos elementos:

a)     apertura;

b)     escucha y docilidad al Espíritu Santo;

c)     discernimiento personal y eclesial;

d)     rectitud de intención;

e)     disponibilidad para servir en la Iglesia;

f)      “recurso ininterrumpido a la oración personal y comunitaria”

10- Este diálogo vocacional, entre Dios y el ser humano, se explícita en unos ámbitos concretos. Estos son: la familia, las pequeñas comunidades eclesiales, la parroquia, la escuela, grupos y movimientos apostólicos, diversas formas de vida comunitaria, catequesis, obras de promoción humana y otros. Es decir en la Iglesia diocesana y en todos los niveles de ella.

11- “La Iglesia, que por su propia naturaleza es `vocación’, es generadora y educadora de vocaciones. Lo es en su ser de `sacramento’, en cuanto `signo’ e instrumento en el que resuena y se cumple la vocación de todo cristiano; y lo es en su actuar, o sea, en el desarrollo de su ministerio de anuncio de la Palabra, de celebración de los Sacramentos y de servicio y testimonio de la caridad” (PDV 35).

“Ahora se puede comprender mejor la esencial dimensión eclesial de la vocación cristiana: ésta no sólo deriva `de´ la Iglesia y de su mediación, no sólo se reconoce y se cumple `en´ la Iglesia, sino que -en el servicio fundamental de Dios- se configura necesariamente como servicio `a´ la Iglesia. La vocación cristiana, en todas sus formas, es un don destinado a la edificación de la Iglesia, al crecimiento del Reino de Dios en el mundo” (PDV 35).

12- “El período juvenil es período privilegiado, aunque no único, para la opción vocacional. Por ello, toda Pastoral Juvenil debe ser al mismo tiempo pastoral vocacional. `Hay que reactivar una intensa acción pastoral que, partiendo de la vocación cristiana en general, de una pastoral juvenil entusiasta, dé a la Iglesia los servidores que necesita´ (Juan Pablo II, Discurso Inaugural, IV b; AAS LXXI p 204)” (DP 865).

13- El período juvenil es el mejor para la opción vocacional pero no es el único, hay que tener en cuenta, también, a los adultos y los niños.

2.   LA PASTORAL VOCACIONAL EN GENERAL

14- La pastoral vocacional es la actividad tendente a suscitar las respuestas de las personas a las diversas vocaciones en la Iglesia. Ha de tenerse en cuenta que una pastoral vocacional auténtica que quiere ayudar al hombre y a la mujer “en tal proceso, deberá centrarse en la llamada inicial, en su maduración subsiguiente y en la perseverancia, comprometiendo en este servicio a toda la comunidad” (DP 861).

15- El acompañamiento de la vocación por parte de toda la comunidad se manifestará principalmente con la oración. “En el complejo problema vocacional es necesario, en todo momento y a todos los niveles, el recurso ininterrumpido a la oración personal y comunitaria. Es Dios quien llama; es Dios quien da eficacia a la evangelización. El mismo Cristo nos dijo: `La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al Dueño de la mies envíe obreros a sus mies’ (Lc 10,2)” (DP 862).

3.   OBJETIVOS ESPECÍFICOS

16- Estructurar una pastoral vocacional inserta en la pastoral orgánica de la diócesis, en estrecha vinculación con todas las áreas pastorales, especialmente la familiar y la juvenil, a fin de realizar con más eficiencia las etapas del despertar, discernir y acompañar a los y las jóvenes y personas adultas en su respuesta a la llamada de Dios (cfr. DSD 80).

17- Presentar la vida laical, sacerdotal y consagrada como dones y carismas para nuestra Iglesia, fomentar la vocación a la santidad en todas las vocaciones que en ella hay. Valorando sus vidas por su misma existencia y testimonio. Respetar y fomentar la fidelidad a cada carisma fundacional como contribución a la Iglesia (cfr. DSD 92).

18- Apoyar el compromiso de los laicos, la familia, educadores cristianos y las diferentes instancias eclesiales en la promoción de las diferentes vocaciones (cfr. DSD 80 y 92).

19- Organizar y coordinar actividades encaminadas a promover y acompañar la opción hacia las diversas vocaciones: laical, ministerial jerárquica y de vida consagrada.

20- Captar y preparar los agentes para esta pastoral (cfr. DSD 80).

4.   ORGANIZACIÓN DE LA PASTORAL VOCACIONAL

21- En República Dominicana existe una Comisión Episcopal de Pastoral Vocacional presidida por un obispo, elegido por la Conferencia del Episcopado Dominicano, y con delegados diocesanos nombrados por los obispos de cada diócesis. A ella se integran representantes nacionales de la Conferencia Dominicana de Religiosos (CONDOR), de la Conferencia Dominicana de Institutos seculares (CONDIS), de diferentes áreas de pastoral, especialmente la juvenil, familiar, educativa y catequética.

22- En cada diócesis se debe crear la comisión vocacional diocesana o equipo, teniendo como modelo la Comisión Episcopal de Pastoral Vocacional.

23- En cada zona se recomienda que exista un equipo zonal de pastoral vocacional que se ajuste a los objetivos o propósitos de esta pastoral.

24- Igualmente, en cada parroquia debe existir un equipo vocacional con los mismos objetivos.

25- La comunión eclesial debe ser signo visible en el equipo de pastoral vocacional; de esta forma sus decisiones siempre se encaminan a servir y ayudar a los candidatos; a discernir su vocación específica a las distintas vocaciones dentro de la Iglesia.

 5.   LÍNEAS GENERALES DE ACCIÓN

26- Puesto que la Iglesia es esencialmente vocación y misión, téngase en cuenta el tema de la vocación, acentuándose los tres estilos de vida: ministerial jerárquica, consagrada y laical, en todas las áreas de pastoral y especialmente en la familiar y juvenil, mediante las tres etapas del despertar, discernir y acompañar.

27- En la pastoral vocacional se aconseja comenzar por el acercamiento personal, motivación en los grupos juveniles y otros medios a través de los cuales sea posible entrar en contacto con jóvenes.  

28- Téngase una semana vocacional dentro del mes de la familia (mes de noviembre), promoviendo la llamada de Jesús en los diferentes estilos de vida.

29- Cada año debe tenerse la Jornada mundial de Oración por las vocaciones, establecida por la Santa Sede para el 4º domingo de Pascua.

30- Se ha de incluir el tema del llamado y la vocación en la pastoral juvenil, familiar y educativa en tiempos litúrgicos fuertes (Navidad y Pascua).

31- Organícese en verano y otras épocas vacacionales actividades sociales y de servicio, como campamentos, fines de semana destinados a promover las vocaciones. “Una pastoral vocacional auténtica no se cansará jamás de educar a los niños, adolescentes y jóvenes, al compromiso, al significado del servicio gratuito, al valor del sacrificio, a la donación incondicionada de sí mismo” (PDV. 40).

6.  CRITERIOS DE DISCERNIMIENTO PARA LAS DIVERSAS VOCACIONES ECLESIALES

32- En el proceso de discernimiento vocacional ténganse en cuenta:

a)     El conocimiento de la persona, su situación y su familia. 

b)   Los círculos vocacionales: reuniones mensuales en las distintas zonas pastorales y parroquias con los aspirantes al seminario.

c)  Las jornadas vocacionales diocesanas y otras actividades que ayuden en el discernimiento.

33- En los candidatos ha de advertirse su base humana consistente en sana psicología, madurez afectiva, capacidad de liderazgo, de renuncia, suficiente inteligencia, equilibrio y madurez acorde con su edad, experiencia de trabajo y de servicio. La base cristiana testimoniada en una experiencia de vida y práctica cristiana de varios años al menos, y que la respalde un conocimiento de las enseñanzas catequéticas básicas de la Iglesia. Finalmente han de advertirse los elementos sobrenaturales de la llamada.

7. LA VOCACIÓN SACERDOTAL EN LA PASTORAL DE LA IGLESIA

34- Es necesario poner un énfasis especial en la promoción de las vocaciones sacerdotales dentro de la actividad de la pastoral vocacional.

35- El sacerdote debe ser, junto con el obispo, el primer promotor de vocaciones y despertar en la comunidad cristiana su obligación de discernir y acompañar las vocaciones sacerdotales.

36- Cada diócesis debe crear un fondo económico para la pastoral vocacional, administrado por el director de la misma.

8.  ELECCIÓN Y REQUISITOS PARA LOS CANDIDATOS AL PRESBITERADO DIOCESANO.

37- En la selección de los candidatos, consúltese siempre a los párrocos y manténgase una relación con ellos en todo el proceso vocacional.

38- Para conocer mejor al que vaya a iniciar un proceso de crecimiento en su vocación sacerdotal se exigirá de su párroco:

a)     conocimiento del candidato y la familia;

b)     interés y apoyo vocacional, moral y económico por el candidato: aunque se debe concientizar a su familia sobre su obligación de colaborar en la formación del candidato;

c)     opiniones orales y escritas sobre el candidato, como ayuda para el discernimiento vocacional del candidato;

d)     su actitud frente a la afectividad, el sexo, el dinero, el poder político;

e)     experiencia comprobada de servicio y actitudes religiosas;

f)      capacidad intelectual suficiente y dedicación a los estudios.

39- Se pide al joven unas condiciones mínimas para llevar hacia delante un proceso de madurez y equilibrio, tanto humano como cristiano, que le ayude a descubrir la vida de oración, el amor al trabajo y la dimensión misionera y universal de la Iglesia.

40- Aquellos jóvenes que no han terminado sus estudios de bachillerato y han realizado su discernimiento vocacional, deben ir al seminario menor, hasta finalizar sus estudios de bachillerato.

41- Todo cristiano que se sienta llamado a la opción sacerdotal, habiendo pasado o no por el seminario menor, debe hacer, por lo menos, un año de prefilosofado o año preparatorio.

42- Es conveniente que, antes de admitir al aspirante, se usen los medios que ofrecen las ciencias psicológicas, como una ayuda útil, aunque no determinante en la vocación sacerdotal.

43- En el discernimiento vocacional, para conocer al candidato y saber si reúne las condiciones que exige la Iglesia, debe exigirse:

a)     un proceso de aspirantado;

b)     contacto con el responsable vocacional;

c)     participación en los círculos vocacionales, reuniones mensuales y en las jornadas vocacionales de su diócesis;

d)     carta de presentación de su párroco.

44- El responsable de la pastoral vocacional diocesana, una vez consultada la comisión diocesana de pastoral vocacional, presenta el candidato al obispo para que dé la aprobación al candidato y, así, pueda entrar al seminario menor o al prefilosofado.

9.   PASTORAL VOCACIONAL Y SEMINARIOS MENORES

45- Según nuestra experiencia, consideramos válido mantener los seminarios menores.

46- Los seminarios menores deben buscar los medios que estén a su alcance para que la llamada de los jóvenes vaya creciendo y se afiance en la oración, una coherencia entre fe y vida, el conocimiento de la realidad, el amor al trabajo y en el sentido de Iglesia y familia.

47- El seminario menor ha de promover una formación humana y cristiana que llene los vacíos de la formación precedente.

10.   OBRA DIOCESANA DE LAS VOCACIONES SACERDOTALES

48- La Obra Diocesana de las Vocaciones Sacerdotales es una organización establecida por la Iglesia, para crear conciencia en los cristianos de la necesidad de fomentar, custodiar y ayudar a las vocaciones sacerdotales.

49- Relacionada con la pastoral vocacional, la Obra Diocesana de las Vocaciones Sacerdotales es una ayuda a estas vocaciones en los niveles espiritual y económico.

50- Tiene como objetivos específicos:

a)     Buscar que la comunidad apoye y se comprometa con los sacerdotes y con los jóvenes que deciden seguir a Jesús a través de la vocación sacerdotal.

b)     Fomentar y ayudar a las vocaciones sacerdotales.

c)     Cuidar de que se propague la verdadera y clara noción de la naturaleza, necesidad y excelencia del sacerdocio.

d)     Promover la oración, obras de penitencia y caridad para que Dios conceda muchas y buenas vocaciones sacerdotales y que dé a los que respondan, la gracia de la perseverancia hasta la muerte.

e)     Contribuir económicamente con la formación de los futuros sacerdotes.

51- La Obra de las Vocaciones Sacerdotales existe en la República Dominicana desde 1966 por Decreto de la Sagrada Congregación para Seminarios y Estudios Universitarios en consonancia con el Motu Propio Cum Nobis de S.S. Pío XII del año 1944. Está formada, a nivel diocesano, por un presbítero que es el director, una secretaria o secretario, celadores y socios agrupados en coros, encabezados por un celador.

52- El director diocesano ha de encargarse de promover y asesorar esta organización en toda la diócesis y de realizar una tarea de animación en todos sus miembros, por medio de reuniones, visitas, celebraciones, etc.. También es el que celebra las misas por los socios o celadores difuntos.

53- Las oficinas de la Obra Diocesana de las Vocaciones se establecerán en el obispado. La secretaria o secretario debe atender a los socios y celadores cuando pasen por el obispado a tratar asuntos relacionados con dicha obra, como por ejemplo, el aporte de los coros o el desarrollo de otras actividades de estos, y facilitará a los celadores los materiales para sus reuniones de formación.

54- El celador es el servidor responsable que encabeza el “coro”, lo anima y convoca, para la oración, coordina su formación y recoge el aporte económico cada año para llevarlo al obispado.

55- Un “coro” se compone de un número indeterminado de socios. Cada uno de los socios debe profundizar en su formación cristiana, orar todos los días por las vocaciones sacerdotales, por el seminario, por la perseverancia de los seminaristas y sacerdotes. Debe dar cada año su aporte económico para el seminario y participar en las actividades generales que la Obra Diocesana de Vocaciones organice.

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